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sábado, 26 de septiembre de 2015

El caballito del diablo y la termita

Gracias al reciente y pasado relajamiento estival, he podido aprovechar el tiempo de asueto para dedicarme a pensamientos diferentes de los habituales, fruto de lo cual ha surgido el pequeño cuento que aquí dejo:

"El estanque estaba en calma. En aquella apacible tarde de verano, todo invitaba a pasear y descubrir el pequeño mundo que se escondía en su interior y en sus alrededores.
Pablo y Sergio disfrutaban del paseo juntos, y bien aprovisionados de curiosidad y unas gafas de buceo, se disponían a realizar los mayores descubrimientos de aquel mundo acuático. 
Ni por asomo se les hubiera ocurrido relacionar aquello con las clases de ciencias naturales, donde tanto les recomendaban realizar aquellas excursiones libro en mano. Se anteponía la aventura y lo del conocimiento viene después.
Se descalzaron y remangaron los pantalones, dando unos pasos dentro del agua. Pablo se ajustó las gafas y metió algo la cabeza en el agua. Rápidamente, el mundo cambió y ante su vista, unos seres cabezones con ojos saltones y una larga cola se alejaron coleando en cuanto notaron su presencia. Eran renacuajos y Pablo los conocía bien.
El susto fue mayor cuando un pez largo como una pequeña serpiente se cruzó rápido abandonando su campo de visión.
Cuando la escena quedó en calma, Pablo se fijó en el fondo, para descubrir todo un bosque de extrañas plantas, unas más altas y otras más cortas, meciéndose con un suave vaivén, como si una brisa constante soplara en aquel mundo extraño.
De pronto, a su derecha, descubrió sobre unas rocas una especie de ciudad ¡Increíble! Sobre las rocas, muchos tubos como chimeneas se alzaban a diferentes alturas de colores grises amarillos y marrones, cubiertos en su base como por musgo. Aquello le parecía como muchas fábricas juntas.
Cuando más absorto estaba contemplando la imagen y pensando que podía ser, aparecieron de pronto de los extremos de las chimeneas, filamentos, tentáculos y plumas moviéndose en todas direcciones.
¡Qué susto!
Sacó Pablo rápidamente la cabeza del estanque, con un grito, asustando a Sergio, que esperaba de pie, metido en la charca con los ojos como platos.
-¿Qué pasa?, preguntó Sergio, asustado tras el grito de su amigo algo mayor que él.
- ¡Hay una ciudad entera ahí abajo! ¡Y unos seres extraños me querían coger con sus brazos y tentáculos!
- ¡Anda! No seas mentiroso. No te creo.
- Que sí. Menos mal que son muy pequeños, que si no, teníamos que salir por “patas”. Toma, ¡mira tú con las gafas!
Tras ajustarse las gafas, Sergio se introdujo poco a poco en aquel mundo, maravillándose al descubrir lo que su amigo había descrito. 
Pero no era nada extraño ni horripilante. Sergio sabía muy bien que eran simplemente insectos y otros bichos que le habían explicado en clase. Aunque era menor que Pablo, siempre había sido más aplicado en clase.
Fascinado por todo lo que veía, decidió explorar si encontraba algo más. Le pareció ver al fondo unos renacuajos huyendo, pero nada más interesante que los rayos de sol que se colaban en el agua multiplicando los colores del fondo.
Al ir a sacar las gafas del agua, llamó su atención algo que colgaba de la superficie: Un puñado de pequeños gusanos transparentes se agitaban como queriendo perforar la superficie. Con los reflejos de los rayos de sol que se colaban parecían gusanillos de colores bailando.
De pronto, algo alteró aquel baile y entrando en el agua agarró uno de aquellos gusanos sacándolo de allí. Apenas le dio tiempo a Sergio de sacar la cabeza del agua y ver como un insecto como un palo y con unas alas de colores, se llevaba en la boca aquel gusano. Las alas eran irisadas con colores verdes y azulados, transparentes y majestuosas, enormes como el cuerpo del insecto palo, que era todo negro. Sergio recordó, aquello era un caballito del diablo, ¡una libélula!
La conmoción en el grupo de gusanos era terrible, los pequeños bebés de mosquitos, que es lo que eran aquellos gusanillos o larvas, nadaban o bailaban intentando dispersarse en todas direcciones. Las larvas de mosquito sabían bien de los peligros que venían tanto de fuera como de dentro del agua. Lo sabían por instinto, por qué nunca habían conocido a sus padres, pero hasta entonces el estanque había sido su refugio. Lo que no sabían, como la mayoría de habitantes del estanque, es que éste estaba formado tras el recodo de un pequeño arroyo que allí se remansaba.
El arroyo solía siempre tener el mismo caudal de agua salvo en la primavera cuando se producía el deshielo de la nieve acumulada en la montaña de más arriba. Por eso de vez en cuando se veían pasar algunos de los habitantes del arroyo por el estanque, pececillos, ranas, libélulas y pajarillos.
Tras la zona que conectaba con el estanque, en los márgenes del arroyo, se encontraba otra parte de aquel mundo submarino. Muchas plantas crecían en el fondo del arroyo y sobresalían por la superficie. Justo en aquella época del año, otras larvas comenzaban a emerger del agua, subiendo por los tallos. Era ala época de pasar de jóvenes a adultos.
Una decena de estas larvas habían alcanzado la parte alta de las plantas y pegadas a ellas se estaban transformando en crisálidas hasta comenzar a abrirse por su espalda y salir unos cuerpos alargados y a desplegarse unas alas transparentes de colores.
¡Si! Eran caballitos del diablo que habían llegado a su etapa adulta.
¡Pero...! Algo pasaba con la última de las larvas. parecía algo mas pequeña que las demás y tardaba mucho en abrirse.
A medida que las larvas se abrían y desplegaban sus alas del todo, los nuevos caballitos del diablo se saludaban y salían volando solos o en grupo inspeccionando los alrededores. De pronto habían pasado de vivir en un mundo de agua a vivir en un mundo de aire, y aquello era fantástico e intrigante. Nadie en el reino animal sufre un cambio tan impresionante en su vida.


Ya habían salido todos los caballitos del diablo menos el más pequeño de ellos, y aún revoloteando por la entrada del estanque, se preguntaban entre ellos:
- ¿Qué le pasa a ese pequeño? ¿Se ha dormido, o qué?
- ¡Vaya un perezoso! A este paso va a llegar tarde a todos los sitios. Comentaron algunos de sus congéneres.
Por fin, el pequeño caballito del diablo comenzó a salir y desplegar sus alas. Normalmente todos los caballitos del diablo son de un tamaño parecido y sus alas transparentes aunque pueden variar en las tonalidades de color son simétricamente idénticas. Sn embargo, el pequeño caballito del diablo, al que después llamaron Hélix, era algo más corto en su abdomen y tenía unas alas de tonalidad más verde y otras más azul. Cuando desplegó de todo sus alas con esos raros colores, les extrañó mucho a sus compañeros, pero cuando comenzó su primer vuelo, la luz que atravesaba sus alas se transformaba,, se refractaba, y producía unos extraños y llamativos brillos que chocó mucho a los otros caballitos del diablo, despertando algo de envidia. Aquello eran sin duda razones suficientes para ver con claridad que había nacido un futuro "marginado" en el grupo de los caballitos del diablo.
Los caballitos del diablo, volando en parejas o pequeños grupos sobre la superficie del agua eran el terror del resto de los habitantes del estanque. Ya sea por su nombre o por su aspecto, los caballitos del diablo siempre han tenido mala fama, aunque sea injustificada. Hasta Pablo y Sergio sabían eso. Por eso, al contrario de otros de otros niños, a ellos les gustaba contemplar las peripecias de todos aquellos insectos y seres del estanque.
Al contrario que a sus congéneres, a Hélix siempre se le veía volar solo y con vuelos cortos, por eso era conocido en todo el estanque y en cierta manera infundía menos temor. El hecho de ir siempre sólo y su propia naturaleza hacían de Hélix un aventurero curioso y temerario que se metía por donde otros caballitos del diablo no se atrevían. Su menor tamaño le permitía meterse por las partes mas frondosas del los márgenes del arroyuelo y incluso más allá. 
En una de sus incursiones más allá de los límites del estanque, se encontró Hélix un con todo un espectáculo. Un gran pedazo de tronco viejo de un árbol, que se veía llevaba tiempo caído, se había partido a todo lo lago, y dejaba ver en su interior toda una serie de surcos y canales, entre la madera podrida, con muchos pequeños animalitos, unos pequeños insectos como feas hormigas blancuzcas y alargadas. Eran termitas.
Las termitas son tan voraces que pueden acabar con un tronco en pocas semanas, pero aquel tronco, por mala suerte, se había partido antes de tiempo, y justo por la mitad, dejando a la colonia de termitas expuesta y sin defensa. Por eso todos los bichillos se movían y agitaban despavoridos buscando un sitio donde refugiarse.
A Hélix, aquello le parecía incluso divertido. La agitación y barullo enormes eran todo un espectáculo. Aunque él se alimentaba de larvas y otros pequeños insectos, aquellas termitas feas y repulsivas no eran nada apetecibles, y veía aquello como un entretenimiento.


De pronto, se percató de que una pequeña termita había quedado atrapada en un hueco con una pequeña astilla, y pedía angustiada socorro. Mientras el resto de termitas huían despavoridas, Hélix se acercó con cuidado, posándose en el borde y le preguntó:
- ¿Qué te pasa? ¿No puedes zafarte de ahí?
La pobre termita, más pequeña y más blanquecina que las demás, no podía salir de su asombro al ver a aquel monstruo hablándole, y apenas pudo atreverse a contestar:
- ¿No me vas a comer, verdad?
- ¡No! - contestó Hélix - si quieres puedo ayudarte. Voy a intentar levantar esa astilla.
Al levantarla un poco, rápidamente la pequeña termita quedó liberada y  se alejó un poco. Pero en vez de huir, se giró y preguntó al pequeño caballito del diablo:
- ¿Porqué me has ayudado?
- Simplemente me pareció que lo necesitabas.
- Pues, ¡Gracias! La verdad que con todo este desastre todas mis hermanas y yo necesitamos mucha ayuda. Como habrás podido ver, nos hemos quedado sin casa ¡Bueno, en realidad casi nos la hemos comido!
- ¿Os habéis comido vuestra casa? ¡Qué animalitos más raros sois!
- Sí, nosotras somos así. Cuando vamos viendo que la comida se acaba, vamos buscando otra casa, otro tronco, por los alrededores. Pero esta vez, el tronco se ha partido antes de lo previsto y sin casa donde trasladarnos, nos comerán a todas.
- ¡Pues vaya faena! Yo apenas acabo de empezar a conocer el lugar, pero en uno de mis vuelos, he visto un gran tronco seco, aún con las raíces en tierra más arriba, remontando el arroyo.
- ¡Seguro que sería un lugar perfecto para nosotras! - afirmó la pequeña termita. - ¿Pero cómo podría yo llagar tan lejos?
- ¡Si quieres, yo te llevo! - se ofreció Hélix.
Entre absorta, contenta y temerosa, la pequeña termita aceptó, y Hélix la tomó entre sus patas, manteniéndola lo más lejos de su boca para evitar aumentar el temor que ya tenía. A los pocos minutos estaban ambos sobre el viejo tronco seco, que se asomaba sobre el margen del arroyo.
- ¡Es excelente! - exclamó la pequeña termita - podré enseñar el camino a mis hermanas adultas, pero es un gran distancia para las pequeñas.
Casi sin pensarlo, se ofreció Hélix a transportar a todas las pequeñas que hiciera falta si su hermana las convencía de que nos sufrirían ningún daño. Y dicho y hecho, al poco rato estaban se vuelta en el viejo tronco partido, comenzando inmediatamente la larga caminata para las adultas y el transporte aéreo para las pequeñas termitas.
Le llevó a Hélix todo el día transportar a Poro, que es como se llamaba su nueva amiga, y sus hermanitas termitas, pero cuando acabaron, la colonia de termitas era una fiesta y todas estaban agradecidas a Poro y sobre todo a Hélix. A partir de entonces se fraguó una bonita amistad entre ambos, siendo raro el día en que Hélix no se acercara revoloteando a visitar a Poro.
No fueron pocas las correrías y aventuras que pasaron juntos los dos extraños amigos durante todo el verano, pero cuando ya entraba el otoño, la actividad normal de las termitas, nuevamente debilitó la base del viejo tronco, y el árbol seco entero se tambaleó y se quebró, cayendo sobre el arroyo. Esta vez no hubo desastre, las termitas lo tenían previsto y habían hecho los cambios necesarios para no sufrir ningún perjuicio. El resto del árbol caído era grande y serviría muy bien para continuar viviendo allí hasta completar todo el invierno y aún más.
Lo que no tenían previsto, y sucedió, es que el tronco caído junto con los sedimentos que arrastraba el poco agua que llevaba el arroyo acabaron por taponar el curso habitual del agua. El arroyo se secó en su antiguo curso más abajo del tronco caído, y el estanque quedó también desecado. El agua del arroyo se desvió desde entonces por otro cauce, que iba a dar a otra vertiente diferente de la montaña. El agua de aquel arroyo ya no iría a parar más al pequeño valle donde se encontraba el pueblo de Pablo y Sergio, si no al valle contiguo. 
El deshielo de las grandes nevadas que hubo aquel invierno en lo alto de las montañas y las fuertes lluvias por toda la zona, hicieron que a la primavera siguiente el arroyo, en su nuevo cauce, llevara gran cantidad de agua, convirtiéndose en un pequeño río, que contribuyó mucho a las grandes riadas que hubo en el valle de al lado a donde vivían Pablo y Sergio, pero no ya en el valle donde ellos vivían. Los destrozos por las riadas en el valle de al lado fueron enormes, y los adultos vecinos de Sergio y Pablo comentaban la suerte que habían tenido en su valle al no padecer las riadas, sin saber por qué las había habido en el valle de al lado y en el suyo no.
Al comenzar de nuevo el verano, Pablo y Sergio subieron como el año anterior a donde ellos pensaban que estaría su estanque favorito. Ambos quedaron desconcertados al contemplar lo muy cambiado que estaba todo aquello. Sabían muy bien donde debía estar su estanque, pero allí no había más que una pequeña hondonada en el bosque, recubierta de plantas y hojarasca como todo el resto. Intrigados, ambos niños se pusieron a caminar hacia arriba de lo que se suponía era el antiguo lecho del arroyo, hasta que dieron pronto con el gran tronco que había desviado el curso del agua. 
Quedaron maravillados por todos los cambios y el agua cantarina que corría por el nuevo arroyo. Animados por el nuevo descubrimiento, se dispusieron a continuar y disfrutar con sus pesquisas e investigaciones, siendo por primera vez conscientes de que nada es inmutable, y la naturaleza se adapta a todas las circunstancias perfectamente.
 ¡Aquel sería otro magnífico verano!

De lo que no fueron conscientes nunca los niños es de como una pequeña acción de amistad en la vida de dos pequeños insectos, que muchos humanos detestan como "malos bichos", había provocado todos aquellos cambios, e incluso había protegido al pueblo de los dos niños de una desgracia.
Como Pablo y Sergio, todos desconocemos muchos pequeños detalles que influencian en nuestra vida y nuestros prejuicios nos hacen ver como malas a algunas cosas o personas que hacen algo en nuestro favor. Pablo y Sergio no tenían estos prejuicios y esperemos que nunca los tengan."
Licencia de Creative Commons
El caballito del diablo y la termita by Jesús Almeda Ortega is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://unsencilloespectador.blogspot.com.es/2015/09/el-caballito-del-diablo-y-la-termita.html.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Homo playensis, humedales y la tortuga mora.


He de confesar que, pese a que mis orígenes se derivan por largas generaciones de serranías y valles interiores, he venido en dar un “homo playensis” más durante el periodo estival, (más correctamente “Homo in litore”); y como tal me reivindico completa y adecuadamente ataviado: gorra de tela y visera para proteger la calva del feroz Lorenzo, camiseta de diseño ultrapasado de buen algodón, que aunque descolorida resiste innumerables y incesantes lavados, toalla de cuerpo entero con vivos colores para marcar y señalar bien el territorio de reposo a la orilla del mar, silla plegable más o menos ergonómica para adecuar el cuerpo a la lectura y contemplación, bañador también de colores y diseños tropicales o a tono con el ambiente que permita amplios movimientos, amplia sombrilla de tela recia que evite bien los rayos solares y por tanto suficientemente descolorida, chanclas de fácil quita y pon con una sola banda, sin esas molestas sujeciones interdigitales, y finalmente el libro de temporada o en su defecto el ipad o notebook bien cargado con la larga serie de libros inacabados por leer.

Pero aunque el destino playero parezca un contrasentido, resultante de una artificiosa evolución de nuestra especie, las playas en si tienen su encanto y no són sólo ese límite entre el agua del mar y la arena o otros sedimentos como afirman wikipedia o el diccionario de la Real Academia Española.
Cada año aparecen poco antes de verano encuestas y noticias explicando que la gran mayoría prefiere veranear en las playas. También se nos recuerda lo afortunados que somos al tener más de 3000 playas en 7500 km de costa en nuestro país. Y la cantidad de playas que compiten y alcanzan la categoría de bandera azul cada año, pudiéndolas visitar on line, con la relación de casi 400 playas que en 2012 han conseguido esta calificación o galardón.

Pero con tanta cantidad y calidad en playas, quisiera llamar también la atención sobre su diversidad, pues no tienen mucho que ver la Platga Gran de Tossa de Mar, la Playa de Rodas en Vigo, o la Playa de Punta Umbría en Huelva. Pese al mayor o menor grado de urbanismo que soportan, las buenas playas constituyen o han de constituir ecosistemas propios, como se dice ahora, auto-sostenibles -equilibrados-. La playa en la que he veraneado este año como en anteriores, situada en el levante almeriense, no tiene nada que envidiar a todas ellas y he aprovechado mi periodo de descanso para conocerla un poco mejor.

Pese a que ha sufrido agresiones en el pasado que denunciaron grupos ecologistas, me agrada ver que conserva  su vegetación de playa, con sus  cardos (Eryngium maritimum), tarajales, carrizales, juncadales (Juncus sp.) y matorral de almajo o sosa alacranera (Arthrocnemum macrostachyum). Que con muy poquita dedicación he podido conocer y fotografiar, y que según ecologistas de la zona preservan la calidad y anchura de más de 50 metros de la playa.


Y a muy poquitos metros se puede disfrutar de la contemplación de uno de los pequeños humedales de la provincia, la Laguna o desembocadura del rio Antas, pequeña reserva natural concertada de la Unión Europea, desde 1996, de no más de 12 hectáreas de extensión, que además de la vegetación acoge y ofrece, a la vista del bañista, fauna autóctona y de migración interesantísima.











Con fauna, no me refiero a los surfistas, parapentistas y ultraligeros que nos envolvían cada día, si no a aves como las tórtolas (Streptopelia risoria) que nos despertaban, las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), de Audouin (Larus audouinii) y patiamarillas (Larus michahellis) que se veían al amanecer y atardecer, y otras que se podían contemplar tranquilamente con los niños en el agua, como cercetas pardillas (Marmaronetta angustirostris), azulones (Anas platyrhynchos), porrones europeos (Aythya ferina), malvasías cabeciblancas (Oxyura leucocephala) y fochas comunes (Fulica atra).



 Es un verdadero deleite poder disfrutar de uno de estos humedales y otros como los que aparecen en libros de la zona o en el siguiente vídeo:



Lamentablemente, cuando mediaba la redacción de esta entrada, se produjeron por la zona los temibles acontecimientos de esa plaga que aparece cada verano, los incendios. Un pequeño incendio nocturno afectó  apenas media hectárea de la margen derecha de la desembocadura de la Laguna. Afortunadamente, el asunto fue bien gestionado y resuelto por efectivos del Infoca de la Junta de Andalucía  y los Bomberos del Levante, pero coincidió en el tiempo con otro incendio cercano y de más trascendencia, el de el municipio de Bédar, con 374 hectáreas calcinadas de la Sierra Cabrera.


Ello me hizo reflexionar sobre la frágil situación de estos ecosistemas y su moradores, algunos de ellos autóctonos, únicos y en peligro de extinción como la Tortuga Mora (Testudo graeca graeca), catalogada de interés nacional y autonómico, declarada en peligro de extinción, protegida por la Convención de Berna, incluida en la CITES y en la directiva 1332/2005 de la Comunidad Europea. Se pueden conocer detalles de esta vieja inquilina del sureste peninsular en su propia web, y pese a su relativa resistencia a los incendios, su situación es delicada.

Corolario: Queda mucho trabajo por hacer para proteger las pequeñas maravillas que nos rodean cada día, pero el primero y asequible para todos es conocerlas.

Licencia Creative Commons
Homo playensis, humedales y la tortuga mora. por Jesús Almeda Ortega se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

jueves, 26 de abril de 2012

La Biblioteca de Alejandría y el Neo-renacimiento.

Estoy recordando ahora una de las últimas noticias que acontecieron a finales del pasado año.  La Biblioteca de Napoleón resultó calcinada en las protestas que tuvieron lugar en El Cairo, con dos muertos y más de 200 heridos en las manifestaciones. Una de las consecuencias de aquellas protestas fue el incendio en el Instituto de Egipto, una de las joyas de la capital. Casi la totalidad de su valioso contenido fue pasto de las llamas.

El incendio calcinó los 24 volúmenes originales de "La descripción de Egipto", un exhaustivo estudio encargado por Napoleón, a un grupo de científicos durante su campaña por el Nilo, y 200.000 obras más entre los que destacan una importante colección de mapas y manuscritos del país. En las imágenes del suceso se puede ver a un hombre que sostiene lo que parece ser la primera página de La descripción de Egipto.

Y no quiero defender, con esto, la "obra cultural" emprendida por aquel "gran bajito francés" interesado en conocer la cultura del país que primero destruyó con batallas como la de "las Pirámides", el  21 de julio de 1798, después de invadir y conquistar Alejandría.

Pero, esta manía de destruir la cultura no es nueva y es independiente de la revolución "cultural" o "social" del momento. Quizás por la proximidad geográfica de la noticia, y su relación con Napoleón, me retrotrajo a una de las mayores destrucciones de la historia, la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Varias entradas del interesantísimo blog "la nave va", de Florián Yubero, nos ayudan a entender la magnitud de aquella famosa Biblioteca.

"La biblioteca constaba de diez estancias dedicadas a la investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente. Un gran número de poetas y filósofos, que llegaron a ser más de cien en sus mejores años, se ocupaban de su mantenimiento, con una dedicación total. "


En la biblioteca se llegaron a depositar 200.000 volúmenes en la época de Ptolomeo I, 400.000 en la época de Ptolomeo II, 700.000 en el año 48 a. C, con Julio César y 900.000 libros cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra,  traídos de la Biblioteca de Pérgamo. A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco, al sur de El Cairo, miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos.

Los sabios que estudiaban, criticaban y corregían obras se clasificaron a sí mismos en dos grupos: filólogos y filósofos. La Filosofía abarcaba las ramas del pensamiento y la ciencia: física, ingeniería, biología, medicina, astronomía, geografía, matemáticas, literatura, y lo que nosotros llamamos actualmente filosofía.

"Allí se encontraban personajes tan conocidos como
Arquímedes, el más notable científico y matemático de la antigüedad; Euclides que desarrolló allí su Geometría; Hiparco de Nicea, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocentrica del Universo; Aristarco, que defendió todo lo contrario, es decir, el sistema heliocéntrico siglos antes de Copérnico; Eratóstenes, que escribió la Geografía y compuso un mapa bastante exacto del mundo conocido; Herófilo de Calcedonia, un fisiólogo que llegó a la conclusión de que la inteligencia no está en el corazón sino en el cerebro; Apolonio de Rodas, autor de El viaje de los argonautas; Herón de Alejandría, un inventor de cajas de engranajes y también de unos aparatos movidos por vapor: es el autor de la obra Autómata, la primera obra conocida sobre robots; el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo; Galeno, quien escribió bastantes obras sobre el arte de la curación y sobre anatomía."

Muchas guerras y asaltos se perpetraron en Alejandría durante los siglos II y III, pudiendo afectar a la Biblioteca, pero el 21 de julio del 365 d.C., un devastador terremoto asoló Alejandría causando más de 50.000 muertos y destruyendo probablemente casi en su totalidad la Biblioteca-Museo. Sólo se salvaron unos 40.000 rollos que dieron origen a una segunda Biblioteca, la del Serapeo, cuyo asalto y destrucción por los "cristianos" en el 391 se relacionó con la muerte de  Hipatia de Alejandría, en la reciente película española, de Alejandro Amenábar, Ágora, aunque sin una base histórica real.


Pero sirva para poner en evidencia, nuevamente, como las crisis y revueltas se aprovechan para la mera destrucción; destrucción, por lo general, de lo que ha costado mucho esfuerzo en construir, destrucción, o al menos intento de ello, del conocimiento. ¿Y por qué? Simplemente por miedo, y acomodo al oscurantismo.

Y lo malo es que no es sólo un proceso histórico, como hemos podido comprobar la destrucción es camino fácil en nuestros días, y pese a la tan cacareada "globalización" y las nuevas tecnologías de la información -TICs-  el miedo y el oscurantismo  están más que presentes en nuestros días.


Pero, ¿Ha habido alguna iniciativa para recuperar aquel templo del saber? Podemos leer en Wikipedia que, "en el año 1987 salió a la luz un ambicioso proyecto cultural: construir una nueva biblioteca —la Bibliotheca Alexandrina— en la ciudad de Alejandría para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, patrimonio de la Humanidad... Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el gobierno de Egipto y la Unesco." esta moderna biblioteca puede contener más de 20 millones de libros y documentos, que se suman a otros tantos millones de documentos en otras seis grandes bibliotecas existentes a comienzos del siglo XXI:

- Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Washington D.C., con más de 100 millones de libros, manuscritos u otros objetos.
- Biblioteca Británica, Londres, con su catalogo on line y también más de 100 millones de objetos a disposición de lectores del todo el mundo.
- Biblioteca Nacional de Francia, París, con más de 30 millones de documentos en diferentes sedes y su famosa biblioteca digital Gallica.
- Harvard University Library, Cambridge, Massachusetts, con sus increíbles catálogos on line y motores de búsqueda Hollis, Hollis classic y Primo central.
- Biblioteca Nacional de China, Pekín, con más de 23 millones de volúmenes únicos de la cultura oriental.
- Biblioteca Estatal de Rusia, Moscú, con más de 17 millones de volúmenes y otros tantos de periódicos y otros documentos.
Con todo esto, parecería que hoy en día se dispone de un acceso a la información  muchísimas veces mayor que en épocas anteriores, sobre todo con los accesos a través de la red de redes.

Es ciertamente "entusiasmante" recibir un tweet o una alerta que habla de un documento y buscarlo a través de Google Libros, Google Académico, Pubmed o la Isiweb of knowledge, y tenerlo al instante. Sin entrar en la cantidad de útiles y herramientas para compartir documentos de toda clase como los conocidos Ares, eMule, y 4shared, fáciles de encontrar en la distribuidora Softonic, cuyo fundador fue premiado como joven emprendedor en 2010.

Pero hay algo que me descorazona y es el no encontrar mucha gente que se entusiasme del mismo modo. Y no en mi generación si no también en los más jóvenes que yo.

Y me pregunto ¿Por qué? ¿Es acaso la facilidad de acceso a la información la que nos satura y desmotiva? ó ¿Existe algo oculto interesado en no promocionar el acceso a nuestra actual "biblioteca de Alejandría”?, o incluso, ¿es que de ninguna de las dos cosas somos conscientes?

¿Y qué síntomas me llevan a plantearme las anteriores cuestiones?

Pues,… cosas conocidas por todos como: wikileaks y las causas abiertas contra su lider , el bloqueo de Wikipedia en la Republica Popular China , el cierre del portal de megaupload por el  FBI El 19 de enero de 2012, por las acusaciones de infracción de derecho de autor; y otras menos conocidas como: el Tratado Comercial Anti-Falsificación o ACTA (de las siglas en inglés de Anti-Counterfeiting Trade Agreement), denunciado por la Asociación de Internautas en su carta abierta al Ministro de Cultura y promovido por EEUU para el control de internet en Europa, la autorización del Parlamento Europeo para que se cedan a EE.UU. los datos de los pasajeros entre la UE y Estados Unidos, la usurpación de derechos de autor de obras como “La Revoltosa” por la SGAE, y la sin nombre ley Sinde.

Por todo ello es de esperar que, tras el periodo de “oscurantismo encubierto” actual un nuevo periodo de Renacimiento vuelva a surgir pronto. Es más,... Yo creo que, parafraseando a nuestro querido e ínclito escritor Fernando Arrabal, 

"el neo-renacimiento va a llegaaaaarrrrrr ".